Creer y comprometernos para que otra historia sea posible.
por Hno. Alberto Degan mccj
El jueves 29 de noviembre comenzó un ciclo de seis encuentros, coordinado por los Misioneros Combonianos y por los Laicos Misioneros Combonianos de Padua, sobre el tema: «Si quieres la paz, prepara la paz. Por una espiritualidad y una práctica de la no violencia». Este recorrido, más que para dar respuestas, está pensado para mantener vivas en nosotros las preguntas, en un mundo que quiere convencernos de que debemos resignarnos a la injusticia y a la guerra como normalidad de nuestra vida. Como dice León XIV, por un lado reconocemos la expansión de una cultura de la potencia… Y sin embargo, junto a esta deriva, hay una gran parte de la humanidad que busca mantenerse humana y trabajar para construir la ciudad de la convivencia y de la paz (MH 185). Para permanecer humanos en este contexto, en el que todos los sabios del mundo nos gritan ‘guerra’, necesitamos una espiritualidad fuerte que sostenga nuestro compromiso a contracorriente.
El primer encuentro tenía como título: «La paz existe y quiere habitarnos. Creer y comprometernos para que otra historia sea posible».
¿La muerte de la paz?
El año pasado se emitió una declaración de muerte contra la paz: «La paz de ayer ha terminado. No tenemos tiempo para entregarnos a la nostalgia», afirmó Ursula von der Leyen, porque ahora vivimos en «un mundo de guerras, un mundo de depredadores»1. Debemos, por tanto, rendirnos a la realidad, dejar de perseguir un sueño nostálgico, la paz, y prepararnos para responder a la violencia de los depredadores con igual – o mayor – violencia.
Por lo demás, no es la primera vez que se cuestiona la razonabilidad política del compromiso por la paz. En 1993 un famoso politólogo italiano, Ernesto Galli della Loggia, definió extravagante y patético el artículo 11 de la Constitución, que repudia la guerra como instrumento de resolución de las controversias internacionales. Porque la guerra, dijo el politólogo, desde siempre es el fuego conceptual de la historia, y por tanto es extravagante y absurdo repudiarla. Pues bien, como cristianos reivindicamos el derecho a ser extravagantes. Si ser sabios significa creer que la inhumanidad es nuestro único horizonte de vida, mejor ser extravagantes y seguir creyendo en el anuncio del Resucitado: «¡Paz a vosotros!».
Creer en la luz
Obviamente todos nosotros vemos las tinieblas, pero como cristianos vemos también la luz que brilla en la oscuridad: «La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la han vencido» (Jn 1,5). También el papa, en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2026, lo subraya: «El contraste entre tinieblas y luz… es una experiencia que nos atraviesa y nos conmueve en las circunstancias históricas en las que nos encontramos viviendo. Pues bien, ver la luz y creer en ella es necesario para no hundirse en la oscuridad… La paz existe, quiere habitarnos, tiene el manso poder de iluminar y ampliar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence». San Pablo dice que «Jesús es nuestra paz» (Ef 2,14). Para nosotros los cristianos la paz es una persona: Jesús. Jesús está vivo: murió pero resucitó. La Paz, por tanto, existe, está viva y nos pide que la acojamos, y cuando entra en nosotros amplía nuestra inteligencia, es decir, nos hace ver posibilidades y caminos que recorrer que la limitada inteligencia del mainstream belicista no logra vislumbrar. Donde el mainstream ve solo tinieblas y la irremediabilidad de la guerra, la luz ve también la posibilidad de diálogo y colaboración.
El mainstream nos ofrece una narrativa diabólica: la paz, el diálogo, la fraternidad, ya no tienen ninguna posibilidad de operar en la historia, y es patético seguir creyéndolo; las únicas fuerzas que cuentan son la violencia y los apetitos egoístas. En otras palabras, quieren hacernos creer que ya no es posible seguir siendo humanos y vivir humanamente en la Historia. Dios, en cambio, sigue creyendo que sus hijos, hechos a Su imagen, pueden dar vida a una historia humana, de paz.
Estamos, pues, llamados a cultivar una espiritualidad de la no violencia, en la que puedan reconocerse también los creyentes de otras religiones, como Gandhi, que creía en el satyagraha: creía que en la conciencia de cada hombre está la fuerza de la verdad, la fuerza de la belleza: no es verdad que el hombre es solo violencia y prepotencia; el hombre ha grabado en su ADN la conciencia del bien y del mal, la fuerza del amor que lo llama a respetar la vida de cada ser viviente.
En resumen, para usar las palabras del papa, estamos llamados a creer en la Luz, a creer en el proyecto ‘Magnífica Humanidad’ de Dios, encarnado en Jesús, a creer que Dios ha puesto la semilla de esta luz en el ADN de todos sus hijos. Creer en esta luz es el centro de nuestra fe: si nos dejamos convencer por el mensaje mainstream, según el cual la paz ha muerto y en el corazón del hombre solo hay violencia y espíritu depredador, estamos traicionando el corazón de nuestra fe. Preguntémonos: ¿vivir y ser humanos como Dios nos concibió es solo una ilusión nostálgica y extravagante? Si creemos esto, estamos condenados a la inhumanidad. La paz será posible solo si creemos en la belleza y en la luz grabada en el ADN de nuestra humanidad.
Como dice el papa, la gracia no elimina el conflicto con un gesto mágico, sino que genera una resistencia laboriosa al mal y una sorprendente creatividad en el bien. Los cristianos ven las tinieblas; pero no se quedan quietos contemplándolas: conocen la luz y saben que las tinieblas no pueden vencerla (MH 211). Resistir al mal y ser creativos en el bien forma parte de la belleza de nuestra humanidad. Gracias a esta creatividad el ser humano – en un mundo dominado por vientos de guerra – tiene la capacidad de escribir una contra-historia de fraternidad, justicia y paz.
Proponer otra narrativa
Frente a la cultura belicista, como cristianos estamos llamados a proponer otra narrativa. En primer lugar, debemos devolver legitimidad política a ciertas palabras y valores que el mainstream considera ‘extravagantes’ y ‘patéticos’. En el Mensaje para la Jornada Mundial del Cuidado de la Creación de este año, León IV dice que los verdaderos instrumentos para construir la paz no son las armas de destrucción, sino más bien la verdad, el diálogo, la paciencia, la bondad, la justicia, la misericordia, la comprensión, el cuidado y el amor. Sin duda alguien sonreirá al pensar que el amor, la paciencia y la misericordia sean considerados instrumentos y actitudes de la acción política. Para el mainstream, ciertamente, esta es una patética absurdidad, pero el problema es que a fuerza de oírlo decir también nosotros estamos convencidos de que es ridículo asociar la política al amor. Debemos creer que la Luz tiene un papel también en la vida política.
En segundo lugar, debemos denunciar, como hace el papa, que detrás de estos vientos de guerra hay enormes concentraciones de intereses económicos privados. A este respecto, recordemos que la Unión Europea ha decidido centuplicar (!), en el plazo de 5 años, los gastos militares.
Esta política de rearme no es una respuesta a una necesidad objetiva, sino fruto de una decisión deliberada por parte de las élites políticas y económicas, que en pocos años han cambiado completamente el discurso público sobre la paz y sobre la guerra. El papa es muy iluminador en este punto: en el discurso público, era común la convicción de que la guerra debía seguir siendo una ‘extrema ratio’, rodeada de límites éticos y jurídicos rigurosos, y en cualquier caso de un horizonte político orientado a la paz. La paz había sido puesta en el centro del orden internacional, como atestigua en particular la Carta de las Naciones Unidas, que se propone ‘salvar a las futuras generaciones del flagelo de la guerra’. Hoy, en cambio, asistimos a un verdadero cambio de paradigma en el discurso público y en las opciones de rearme, con una preocupante rehabilitación de la guerra como instrumento de política internacional. Es en este clima que la humanidad está deslizándose hacia la cultura violenta de la potencia, donde la paz ya no aparece como una tarea que asumir, sino como un intervalo precario entre conflictos. (MH 189-192)
Hasta hace algunos años, la paz – aun en medio de tantas contradicciones – era vista como el objetivo de la política internacional, como una tarea que llevar adelante aun en medio de tantas dificultades. Hoy, en cambio, la paz ya no es vista como un compromiso que asumir, ni siquiera a largo plazo, sino como una ilusión, una quimera nostálgica, que no entra en el ámbito de las posibilidades reales.
En esta óptica tiene un papel político fundamental la Opinión Pública mundial: depende de nosotros, como sociedad civil consciente, aceptar la narrativa del mainstream o creer en la Luz y anunciar otra narrativa. ¡No creamos a quien dice que una historia basada en la prepotencia es la única historia posible! El papa León nos lanza este desafío: «Debemos hacer que pronto caiga esta estación de la historia marcada por la guerra y por la prepotencia de la fuerza y comience una historia nueva. Hace falta una historia diferente del mundo: ‘la historia de la edad negociadora’, la historia de un mundo nuevo sin guerra», basada en el «diálogo, la negociación y la cooperación»2.
Los vacíos de la historia
Para escribir una historia diferente, es fundamental ser conscientes de los vacíos de la historia, como los llamaba Ugo Vanni. Estamos llamados a «irradiar y llenar con los valores de Cristo los grandes vacíos de la historia»3, es decir, todos los ámbitos de la vida humana en los que aún no hemos permitido a Jesús entrar. Es sorprendente ver cómo, después de dos mil años de cristianismo, quedan todavía grandísimos espacios de nuestra vida vacíos de Cristo: una economía que mira solo a los intereses de una pequeña minoría y no se interesa por la vida de la mayoría de la humanidad; una política exterior inspirada por la lógica del beneficio y de la violencia, etc. De hecho, parece que a ningún político se le pase por la cabeza que también las relaciones internacionales deberían seguir la lógica del amor y de la fraternidad. Pero si existen estos vacíos, es ante todo culpa nuestra, que estamos resignados al hecho de que en estos espacios el amor de Jesús no pueda entrar. Ahora, sin embargo, estamos llamados a superar nuestra resignación, y a luchar para llenar estos vacíos con el amor de Jesús. ¡Debemos transformar nuestra economía y nuestra política! Como creyentes en la Luz estamos llamados a abrazar en toda su integridad el Evangelio de la justicia y de la paz.
Al final del encuentro dejamos algunas preguntas para la reflexión personal y comunitaria:
a) En nuestra vida, ¿hemos experimentado la Belleza del ‘Proyecto Humanidad’ de Dios? ¿Cómo?
b) Hoy, entre los creyentes, ¿prevalece la esperanza y la fe en el ‘Proyecto Belleza’ inscrito en nuestro ADN o la resignación a vivir en un mundo subhumano?
c) ¿Somos ‘ciudadanos conscientes’? ¿O aceptamos pasivamente la historia escrita por los poderosos?
d) ¿Hemos experimentado la ‘sorprendente creatividad del bien’ de la que habla el papa León?
- https://www.ilfattoquotidiano.it/2025/12/17/von-der-leyen-guerra-ibrida-europa-notizie/8230609/
- Discorso del 28-10-2025, https://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2025/10/28/0807/01437.html
- Ugo Vanni, L’ebbrezza nello spirito. Una proposta di spiritualità paolina, AdP, p. 56.




