Cuidar las relaciones para hacer auténtico y realista el anuncio misionero
P. Giuseppe Crea MCCJ
La vida comunitaria, en sus múltiples expresiones eclesiales y pastorales, representa uno de los lugares más significativos en los que se manifiesta el deseo humano de comunión. Al mismo tiempo, constituye un espacio privilegiado en el que emergen inevitablemente tensiones, malentendidos y conflictos. No se trata de anomalías que deban evitarse a toda costa, sino de experiencias que, si se comprenden y acompañan adecuadamente, pueden convertirse en ocasiones preciosas de crecimiento personal y comunitario. En este sentido, el ensayo Comunione, conflitti, salute mentale e missione (Comunión, conflictos, salud mental y misión) se propone no solo como una contribución de reflexión teórica, sino sobre todo como un itinerario educativo orientado a la maduración de las relaciones y a la promoción de la salud mental dentro de las comunidades y los grupos.
Las experiencias maduradas en los contextos pastorales, en las comunidades religiosas, en las familias, así como en los grupos de voluntariado muestran con evidencia cuánto la convivencia, aunque fundada en ideales elevados de altruismo y dedicación recíproca, no está exenta de dificultades relacionales. Vivir juntos implica inevitablemente el confrontamiento entre sensibilidades diferentes, historias personales diversas y modalidades comunicativas no siempre armoniosas. Es precisamente en este entrelazamiento de relaciones donde emergen los conflictos, a menudo percibidos como obstáculos a la comunión, pero en realidad portadores de una fuerte valencia educativa cuando se afrontan con conciencia y responsabilidad.
En el contexto actual, marcado por una creciente complejidad relacional y por una difusa fragilidad emocional, se vuelve cada vez más urgente promover itinerarios educativos que ayuden a las personas a vivir la comunión de modo auténtico. En particular, en el modo en que se vive la misión como testimonio de paz en los distintos contextos donde los conflictos son una realidad armada de odios, competición, abusos e injusticias.
Testimoniar una armonía según las enseñanzas del Evangelio se convierte en un desafío más actual que nunca. Esto es posible si la tarea de armonizar comunión y tensiones forma parte del mismo anuncio.
«Comunione, conflitti, salute mentale e missione» es un instrumento para acompañar a las personas a reconocer que la comunión no se construye simplemente evitando los conflictos, sino aprendiendo a vivirlos como pasajes necesarios de un camino de maduración humana y espiritual. También en una familia, como en una comunidad religiosa, o en las relaciones con la gente: el anuncio se convierte en un trabajo de tejido, entre la Buena Nueva y las fragilidades humanas, entre la novedad del Evangelio y la realidad de los conflictos en los que cada misionero se encuentra operando. El mismo mandato de Comboni es una invitación a redescubrir la comunión como proceso educativo continuo, en el que cada relación se convierte en ocasión de crecimiento, responsabilidad y cuidado recíproco.
La originalidad del volumen reside en haber elegido leer la realidad de los conflictos no en clave puramente problemática, sino como ocasión transformadora.
Cuando el anuncio del Reino de Dios asume este carácter de cambio, también el cuidado de sí y de la propia salud mental se convierte en una prioridad. «¿Eres un curador de almas? Cura de ti mismo, para que no ocurra que, mientras te ocupas de los demás, te descuides a ti mismo», son las palabras que recuerdan el admonición de San Ambrosio a sus sacerdotes. Pero esta invitación es válida para todo anunciador de la Buena Nueva: cuidar de sí y de la propia salud mental no se considera solo como ausencia de malestar, sino como expresión de relaciones sanas, maduras y capaces de generar confianza recíproca. El cuidado de sí es parte integrante de la misión.
Como dice el p. Giulio Albanese en la Prefacio al libro «también en los ambientes eclesiales y en la misma vida consagrada, donde la comunión debería constituir el corazón palpitante de la experiencia cotidiana, no siempre resulta fácil afirmar una lógica de compartir, escucha recíproca y corresponsabilidad. Es precisamente dentro de esta tensión, entre deseo de comunión y fragilidad relacional, donde se sitúa la reflexión propuesta en este volumen».
Educar para una misión que parta de lo bajo de las relaciones cotidianas – vividas con la gente, con la comunidad, con uno mismo – significa cuidar de los vínculos y de las tensiones, reconocer las heridas y las vulnerabilidades, luchar por las injusticias y educar el propio cansancio, sostener la salud mental y reconocer las propias necesidades.
De este modo, la comunión se convierte en un proceso continuo. Y precisamente porque es un proceso, es parte viva de la misión pero también un concreto testimonio evangélico, donde el anuncio es un trabajo permanente que impregna la existencia de toda criatura.

