1. Un tiempo favorable
Esta etapa de formación permanente representa un momento especialmente importante para el Instituto, porque forma parte del proceso de reflexión sobre la misión que estamos viviendo. Es una señal de responsabilidad y madurez carismática, ya que toca el corazón mismo de nuestra identidad.
De hecho, nos cuestiona quiénes somos hoy como misioneros combonianos, qué rostro de la Iglesia y del Evangelio estamos llamados a testificar y cómo vivir la misión en el contexto actual, con los recursos y desafíos que la caracterizan.
Como Consejo General, creemos que este proceso puede convertirse en un verdadero tiempo de gracia, siempre que se experimente como una oportunidad, con la disposición a permitirnos ser cuestionados e incluso provocados, y con apertura a posibles cambios.
Es un proceso que requiere tiempo y paciencia: no ofrece respuestas inmediatas ni produce resultados automáticos, sino que sienta bases sólidas para el futuro de la misión comboniana. Este es un paso significativo en la vida del Instituto, que implica los niveles personal, comunitario y estructural, y que también nos prepara para el capítulo de 2028.
Este itinerario surge de una clara conciencia: el contexto de la misión ha cambiado profundamente, las personas a las que se nos envían han cambiado y nosotros también hemos cambiado, como misioneros y como Instituto. Por tanto, reflexionar sobre la misión significa detenerse, escuchar y discernir juntos lo que el Espíritu nos pide hoy.
2. Todo depende de la disposición a caminar juntos
Los procesos de renovación no funcionan si permanecen individuales. Este camino de formación continua pretende ser compartido, basado en una actitud de escucha y apertura y en una elección concreta de corresponsabilidad. Sin esta voluntad, incluso las propuestas más válidas corren el riesgo de quedar estériles.
3. La formación permanente a lo largo de la vida es esencial
Este programa de formación permanente no es algo «adicional» a la misión, sino una dimensión constitutiva de la fidelidad misionera. Nos ayuda a releer nuestra experiencia, a afrontar los desafíos actuales y a evitar el riesgo de rutina, fatiga y autorreferencialidad.
4. Reflexionar sobre la misión para renovarla
Este curso nos invita a cuestionarnos cómo vivimos la misión hoy, con qué actitudes y con qué pasión y creatividad. La formación continua mantiene viva la dimensión profética del carisma comboniano y nos ayuda a vivir no por nostalgia del pasado, sino por una fidelidad creativa capaz de renovarse.
5. No organicemos actividades, sino activamos procesos
La responsabilidad de todos es de animar y animarnos, motivar y motivarnos a nosotros mismos, acompañar y ser acompañados. Es importante crear espacios para la escucha, el diálogo y el discernimiento en las circunscripciones, y fomentar un clima de confianza que haga posible un viaje común auténtico.
6. Una petición a la colaboración
Pedimos su apoyo concreto para este proceso de reflexión. Cada circunscripción está llamada a encarnarla según su propio contexto y sus propias posibilidades. El Secretariado General de la Misión está disponible, dispuesto a colaborar y a recibir las contribuciones, sugerencias y propuestas.
7. Conclusión
Vivamos este tiempo como un regalo y no como una carga. La formación permanente es un acto de amor por la misión. Solo caminando juntos podremos seguir proclamando el Evangelio con alegría y credibilidad.
P. Luigi Fernando Codianni
Superior General
