Resumen

El documento del Secretariado General de la Misión (junio de 2026) presenta el itinerario de desarrollo de las pastorales específicas combonianas, tal y como lo esbozó el XIX Capítulo General y en continuidad con el discernimiento iniciado en 2015. La orientación fundamental responde a la necesidad de superar una pastoral «genérica» para abrazar una contextualización más profunda, en sintonía con la invitación de Evangelii Gaudium a una Iglesia «en salida», capaz de inculturar el Evangelio en las diversas realidades y culturas. Las prioridades continentales —distinguidas en grupos humanos prioritarios (que evocan la dimensión ad gentes) y elementos transversales (como la JPIC, la animación misionera y los medios de comunicación)— se convierten en el criterio para reducir la fragmentación de los compromisos y reorientar las presencias misioneras, en comunión con las Iglesias locales.

El texto identifica cuatro pilares que caracterizan el desarrollo de estas pastorales: la sinodalidad, entendida como un camino compartido a nivel continental y con las Iglesias locales; la ministerialidad, que articula diversos servicios en una visión común; la ecología integral, que abarca todas las dimensiones de la realidad en conexión; y el diálogo profético con las tradiciones religiosas. Además, se subraya el vínculo con la formación inicial y con la reorganización de las circunscripciones, en un contexto de reducción de las fuerzas misioneras que hace urgente una mayor colaboración y agrupación.

La parte central del documento propone una estructura metodológica para la definición de cada pastoral específica, articulada en seis elementos: visión (fruto del análisis crítico, la reflexión teológica y el discernimiento pastoral), inserción (estilo de presencia y proximidad), orientaciones pastorales (buenas prácticas y directrices), articulación ministerial (coordinación y estructuras), sinodalidad (niveles de comunión) y modelos de presencia (descripción de puntos de partida, elementos esenciales, horizontes, condiciones y límites). Estos modelos, definidos como «dinámicos y en evolución», constituyen una herramienta valiosa para acompañar a los nuevos hermanos y para reorientar los compromisos existentes.

Por último, el documento ilustra el proceso iniciado por el Consejo general para la cartografía de las pastorales específicas en los continentes, a través de grupos de investigación, cuestionarios y seminarios web de validación. El objetivo es llegar a una síntesis comunicativa que favorezca la animación misionera, la orientación de los hermanos y la formación inicial, creando al mismo tiempo redes ministeriales continentales para la reflexión y la colaboración. El ejercicio de mapeo se presenta como un punto de partida —no de llegada— de un camino sinodal de reorientación, que requiere la participación activa de las comunidades y los hermanos para generar frutos duraderos en la misión comboniana.

Pastorales específicas combonianas

Secretariado General de la Misión – Junio de 2026

El camino del Instituto

El XIX Capítulo General confirmó la orientación ya señalada por el Capítulo anterior en lo que respecta al desarrollo de las pastorales específicas:

«Asumimos las pastorales específicas según las prioridades continentales (cf. AC ’15, 45.3) como punto de referencia para la reorganización de los compromisos (reducción, focalización, colaboración) en las circunscripciones y en los continentes». (AC ‘22, 31)

De hecho, en el discernimiento realizado en 2015 se puso de manifiesto que, en muchos casos, por gracia del Señor, estamos presentes en las fronteras de la misión, en consonancia con el carisma comboniano. Sin embargo, a menudo la pastoral que llevamos a cabo es genérica, es decir, se hace más o menos lo mismo que en otros contextos. La llamada de Evangelii gaudium, que inspiró aquel Capítulo, fue un estímulo para reconsiderar el enfoque pastoral con vistas a una mayor contextualización, fruto de una Iglesia en salida, atenta a las situaciones particulares y a las culturas —que también deben ser evangelizadas— para una inculturación del Evangelio.

Esta orientación representa también una oportunidad para la reconversión de nuestras presencias misioneras, en comunión con las Iglesias locales. Por un lado, crecer en la práctica de la inserción, partiendo del conocimiento de las lenguas y culturas locales, de hacer causa común con la gente, del servicio para que el pueblo emerja como protagonista de su propio camino de evangelización (cf. la «Regeneración de África con África»), en una perspectiva de inculturación del Evangelio.

Por otro lado, ante una carga excesiva de compromisos —teniendo en cuenta la disponibilidad y la capacidad del personal— y su fragmentación, lo que dificulta enormemente dar continuidad para trazar itinerarios coherentes y globales, nos hemos dado cuenta de que es posible reducir la dispersión y la fragmentación centrándonos en las prioridades continentales, sobre las que existe un consenso desde hace mucho tiempo. En concreto, de un análisis crítico de dichas prioridades se desprende que estas prioridades continentales son de dos tipos diferentes: están las que se refieren a grupos humanos prioritarios y que, por lo tanto, resultan muy evocadoras desde el punto de vista carismático, ya que actualizan la dimensión ad gentes. Lo interesante es que estas prioridades no son muchas, lo que significa que es posible tener, a nivel continental, un enfoque que nos ayude a superar la dispersión y la fragmentación. En segundo lugar hay prioridades que, en realidad, son elementos transversales a todo contexto misionero, como, por ejemplo, la JPIC, la animación misionera o los medios de comunicación.

Al reafirmar la orientación de las pastorales específicas según las prioridades continentales, el XIX Capítulo también ha destacado otros aspectos que caracterizan su desarrollo. Está el aspecto de la sinodalidad, es decir, la conciencia de que se trata de un camino que no se puede recorrer en solitario. Se requiere una comunión con las Iglesias locales, pero también una reflexión, colaboración e intercambio a nivel continental, lo que puede incluir especializaciones compartidas, intercambio de personal, grupos de intercambio y reflexión. (AC ‘22, 33)

Luego está el aspecto de la ministerialidad, que además de indicar el estilo pastoral de servicio y colaboración, nos habla también de su articulación, por lo que, dentro de una pastoral específica, encontraremos diversos ministerios que parten de una visión común y se integran entre sí.

Esto se relaciona con un tercer aspecto en el que el Capítulo ha insistido, a saber, la ecología integral y el magisterio del papa Francisco. De hecho, cuando se habla de ecología integral, no se hace referencia simplemente al medio ambiente o al cambio climático. Dado que todo está conectado, que todo está en relación, todas las dimensiones de la realidad (social, económica, cultural, eclesial y espiritual, medioambiental, política, etc.) entran en el ámbito pastoral. (AC ‘22, 29-30)

Por último, el aspecto participativo y dialógico del desarrollo de las pastorales específicas exige también una apertura, un diálogo con las tradiciones religiosas (RTA y asiáticas, el islam, las Iglesias locales, etc.), en la línea de una misión que se convierte en «diálogo profético». (AC ‘22, 31.7)

El desarrollo de pastorales específicas a nivel continental constituye también una buena oportunidad para el proceso de revisión de la formación y de la agrupación de las circunscripciones. La fase final de la formación inicial —escolasticados y CIF— tiene la tarea, según la Ratio Fundamentalis, de promover de manera específica la dimensión ministerial misionera. Es deseable que los estudiantes, en esta etapa formativa, puedan desarrollar las competencias necesarias para un servicio acorde con las prioridades misioneras del Instituto. En cuanto a las circunscripciones, dada la tendencia a la disminución y al envejecimiento del personal, es previsible que pronto se produzca una contracción sensible de las fuerzas misioneras sobre el terreno. Esto tendrá repercusiones considerables en la posibilidad de llevar adelante reflexiones y profundizaciones misioneras, de innovar y responder a los nuevos retos de la misión. Sin embargo, una comunión y colaboración más estrechas entre circunscripciones —que, en su caso, podrían incluso dar lugar a una fusión—,centradas en pastorales específicas comunes, podrían facilitar una regeneración y una renovación misionera continuas, incluso con un número más reducido de personal y comunidades en el territorio.

Para lograr todo esto, hay que ser proactivos y sistemáticos. De hecho, uno de los compromisos asumidos por el Capítulo es el de poner en marcha procesos participativos para acompañar el desarrollo de pastorales específicas en relación con las prioridades continentales, prestando especial atención a los grupos humanos prioritarios. (AC ‘22, 31.1)

Esto debería integrarse en la programación provincial y continental, como un proceso acompañado y supervisado (AC ‘22, 31.5). Obviamente, según los casos, dichos procesos pueden adoptar características muy diversas, teniendo en cuenta también que las pastorales específicas que hemos elegido como prioritarias no se encuentran necesariamente en el mismo nivel de madurez. En cualquier caso, no partimos de cero, sino que ya existen diversos elementos, prácticas e instrumentos que forman parte de una tradición consolidada. El primer paso, por lo tanto, será hacer un balance sistemático y sintético de en qué punto nos encontramos con cada pastoral específica.

Elementos de una pastoral específica

Al trazar una síntesis del estado actual de una pastoral específica, hay que tener en cuenta algunos elementos fundamentales, a saber:

1. Visión

La visión pastoral señala el horizonte, o el sueño, hacia el que se orienta el servicio pastoral. Una visión sintética no necesita muchas palabras; sin embargo, es fruto de un largo trabajo que se basa en un análisis crítico de la realidad, una reflexión teológica y un discernimiento pastoral.

El análisis crítico tiene por objeto comprender la realidad en toda su complejidad; recurre a los instrumentos de las ciencias sociales para captar el panorama general, las tendencias, las razones profundas de los fenómenos sociales y sus implicaciones, así como las mentalidades y los supuestos culturales subyacentes. En pocas palabras, conduce a una visión sistémica de la realidad, partiendo de la experiencia y pasando del nivel descriptivo y anecdótico al nivel estructural global.

La reflexión teológica es fundamental para una lectura de la realidad que capte las semillas de vida, la presencia y la acción de Dios en la historia. Iluminada por la Escritura y el magisterio, la reflexión teológica ayuda también a desvelar las estructuras de pecado, que a su vez tienen consecuencias en la vida de las personas y de los pueblos, y a dinamizar a una comunidad de creyentes hacia una alternativa inspirada en el Reino de Dios.

El discernimiento pastoral, fundamentalmente, está orientado a escuchar las invitaciones del Espíritu Santo y a identificar los caminos para responder a dichas invitaciones. Evidentemente, se trata de un proceso continuo, que se desarrolla paso a paso, a medida que se responde con la acción a los retos que plantea la realidad.

De todo ello surge, poco a poco, una visión que, cuanto más madura, más se simplifica, en el sentido de que capta cada vez mejor lo esencial y las invitaciones del Espíritu. (cf. EG 35)

2. Inserción

Además de contar con una visión sintética, una pastoral específica necesita puntos de partida adecuados para acceder a la experiencia del pueblo, tomar la iniciativa, implicarse, acompañar, dar fruto y celebrar la experiencia de salvación, de transfiguración de la realidad (EG 24). La inserción determina la forma de llegar a la gente, para caminar juntos, e incluye el estilo de vida, las estructuras de las que se dispone y que se utilizan, la forma de relacionarse y de colaborar. Es esencial aprender la lengua del pueblo, ya que esto permite al misionero conocer a fondo la cultura. Puede haber diferentes formas de llevar a cabo la inserción dentro de una misma pastoral específica, dependiendo del tipo de servicio, de las características de los ministros y de las condiciones ambientales. Por lo tanto, es posible dar vida a diferentes modelos de presencia dentro de una misma pastoral específica en una circunscripción determinada. Por ejemplo, una pastoral juvenil puede contemplar diferentes formas de presencia: en la escuela, en grupos parroquiales, en la calle. Son formas de presencia diferentes que ayudan a llegar a destinatarios distintos y a acompañarlos partiendo de sus contextos específicos.

3. Orientaciones pastorales

A partir de la experiencia, reflexionando críticamente sobre la realidad y siguiendo las invitaciones del Espíritu, surgen buenas prácticas corroboradas por el tiempo, que desarrollan una sabiduría pastoral. Del mismo modo, con la experiencia también se aprende qué es lo que no ayuda o lo que obstaculiza una acción pastoral fructífera. Gracias al intercambio de experiencias y a la reflexión crítica, para comprender qué funciona y por qué, es posible llegar a unas directrices para la acción pastoral. Se trata de un paso importante para evitar tener que empezar cada vez desde cero y repetir siempre los mismos errores, para aprender unos de otros y para recorrer juntos un camino coherente y constructivo. Las orientaciones pastorales son, en sí mismas, indicaciones generales que luego requieren contextualización y creatividad a nivel local. No deben asumirse de forma mecánica, como si fueran una especie de varita mágica, sino entenderse de manera crítica, para poder aplicarlas de forma concreta y adecuada, sin olvidar que son medios y no fines en sí mismos.

4. Articulación y estructuras ministeriales

Dentro de una pastoral específica habrá diversos ministerios y agentes pastorales, que cooperarán como operadores de una pastoral de comunión. Para mantener unida esa riqueza ministerial es fundamental que exista un equipo de coordinación pastoral, capacidad de colaboración ministerial, buena comunicación y momentos estructurados de planificación, evaluación, reflexión, oración y celebración. Los distintos ministerios deben confrontarse, interactuar y crear sinergias. El riesgo es burocratizar el proceso, multiplicando reuniones y superestructuras, lo que resta energía y frescura al servicio: el reto consiste en encontrar un equilibrio y alimentar siempre la comunión.

Al mismo tiempo, dicha articulación reflejará la organización de una serie de estructuras pastorales que, aunque diferentes entre sí, deberán crear una cierta sinergia y una unidad en la pluralidad. Se trata de estructuras pastorales que pueden constituir tanto formas de inserción en el territorio como centros de formación, estudio y reflexión centrados en la pastoral específica y de carácter interdisciplinar.

5. Sinodalidad

Una pastoral específica es un hecho eclesial; no puede desarrollarse de forma aislada, por cuenta propia. Desde la perspectiva del Capítulo, es una realidad que abarca también varios niveles. La inserción implica, ante todo, una comunión con la Iglesia local, que es imprescindible para la acción pastoral. Pero también hay otros niveles, ya que en el mundo actual ya no existen realidades verdaderamente aisladas, sino que la interconexión y las influencias recíprocas se perciben en todas partes. En nuestro caso, por ejemplo, el nivel continental es estratégico, con la posibilidad de compartir, intercambiar e incluso colaborar entre circunscripciones. Dependiendo de los temas, existen coordinaciones eclesiales a nivel regional o global, como es el caso del trabajo de algunos dicasterios.

6. Modelos de presencia

Como se ha mencionado anteriormente, puede haber diversas formas de presencia y de ejercicio ministerial dentro de una pastoral específica. Pueden darse características que varíen según el contexto y las situaciones, aunque se comparta una visión general y unas orientaciones pastorales comunes. La descripción y la comprensión crítica de dichos modelos resultan muy útiles para orientar nuevas experiencias y a los hermanos en su servicio ministerial, de modo que puedan beneficiarse conscientemente de la experiencia de quienes les han precedido y dar continuidad. Para quienes inician una nueva presencia, no hay necesidad, por así decirlo, de reinventar la rueda: basta con discernir qué modelo de partida se adapta mejor al contexto. El conocimiento de los modelos que funcionan y la comprensión de por qué y en qué condiciones funcionan constituyen también una ayuda considerable para la reconversión de los compromisos. Al vivir en una época de cambios, muy a menudo experimentamos que los modelos de presencia que han funcionado bien en el pasado se han estancado. Disponer de nuevos modelos puede ser de gran ayuda para responder a nuevas situaciones y condiciones socioculturales.

En la descripción de un modelo de presencia, destaca ante todo la modalidad de inserción, es decir, cómo llegar de manera significativa a las personas, teniendo en cuenta el contexto, la situación histórica, la cultura, las transformaciones sociales en curso, etc. Se trata, en otras palabras, de encontrar el punto de partida adecuado para el servicio pastoral específico.

En segundo lugar, es útil tener presentes cuáles son los elementos esenciales de ese modelo y las actividades principales que conllevan, centrándose en lo que constituye la particularidad distintiva de ese enfoque ministerial. Además, es necesario tener muy claro cuál es el punto de llegada, el horizonte hacia el que se orienta el servicio, y cuáles son las semillas de vida, o la acción del Espíritu que guía el camino. Este aspecto, evidentemente, es fruto de un discernimiento, no de una ideología ni de un proyecto personal. En conjunto, la descripción del modelo de inserción debe ser capaz de explicar el punto de partida, los puntos de referencia a lo largo del camino y el punto de llegada al que aspirar en el recorrido.

Para utilizar mejor el modelo, también es necesario comprender cuáles son las condiciones que deben darse para que el modelo funcione y las competencias que requiere; sin olvidar la conciencia de los principales obstáculos que hay que superar, de los límites implícitos en el modelo y de cómo puede sostenerse, también económicamente.

Naturalmente, un modelo de presencia nunca será una realidad fija, cristalizada, sino que tendrá su propia evolución, debido a los rápidos cambios que caracterizan nuestra época. Hablamos, pues, de modelos dinámicos, en continua evolución. Por eso deben evaluarse periódicamente, actualizarse y registrarse con anotaciones sobre cuáles son las invitaciones del Espíritu que podrían orientarlo hacia nuevas formas de puesta en práctica.

Avanzar con determinación

La carta sobre la misión del Consejo general (1.5.2025) ha encomendado al Secretariado General de la Misión que impulse itinerarios continentales para «realizar un estudio que documente cuál es la realidad de las pastorales específicas sobre el terreno. Necesitamos conocer, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo, la situación de nuestros compromisos como Instituto en el ámbito de estas pastorales específicas, para luego ir aún más allá, a través de itinerarios compartidos de investigación y reflexión».

Estos procesos se han puesto en marcha en colaboración con los Consejos continentales de la misión, que han elegido con qué pastoral continental —según los grupos humanos prioritarios— comenzar y las comunidades comprometidas en dichas pastorales en el continente. A continuación, se han constituido grupos de investigación, encargados de distribuir los cuestionarios para la recopilación de datos con vistas a la cartografía. Este ejercicio nos permitirá también llegar a una síntesis comunicativa de dichas pastorales específicas, muy importante tanto para la animación misionera como para la orientación de los hermanos que deseen participar en ellas y para la formación ministerial inicial (formación básica).

Posteriormente se celebrarán seminarios web para validar los resultados de las investigaciones y las síntesis, que ofrecerán también la oportunidad de crear redes ministeriales continentales para avanzar juntos en la reflexión, compartir experiencias y prácticas, poner en marcha posibles colaboraciones, proyectos de investigación-acción, etc.

En conclusión, el ejercicio de mapeo y la síntesis comunicativa de las pastorales específicas son el punto de partida, y no de llegada, del camino de recualificación ministerial del servicio misionero del Instituto. Un camino que dará frutos en la medida en que los hermanos y las comunidades que han asumido dichas pastorales se dejen involucrar en este camino sinodal, participando en el ejercicio de mapeo, en la validación de la síntesis comunicativa y en la formación de redes ministeriales continentales.

SÍNTESIS

Los 5 puntos clave del documento sobre las pastorales específicas combonianas

En nuestra forma de entender una pastoral específica, existen elementos fundamentales y una estructura lógica que nos permiten describirla de manera sistemática. Gracias a este marco metodológico, es posible llegar a una síntesis comunicativa de dichas pastorales, un resultado de fundamental importancia por varias razones: en primer lugar, para un camino sinodal y compartido que aúne las grandes diversidades de contextos y experiencias; en segundo lugar, para comunicar claramente al exterior nuestras decisiones y rendir cuentas de ellas; por último, para orientar a los hermanos hacia estas pastorales y para la formación ministerial de los jóvenes misioneros estudiantes. Los cinco puntos clave que siguen ponen de relieve las características de nuestro enfoque de las pastorales específicas.

1. De la pastoral genérica a la pastoral específica y contextualizada

El núcleo del giro comboniano es la superación de la pastoral genérica —que hace más o menos lo que se hace en todas partes— para abrazar una pastoral específica, arraigada en los contextos, las culturas y los grupos humanos prioritarios. No se trata de un simple ajuste organizativo, sino de una auténtica redefinición de la identidad misionera.

El documento parte de una constatación honesta: muchas presencias combonianas, a pesar de estar situadas «en las fronteras de la misión», llevan a cabo, de hecho, una pastoral indistinta. Esta genericidad corre el riesgo de traicionar la especificidad del carisma comboniano, nacido para ir «más allá» y llegar a los pueblos aún no evangelizados. La elección de pastorales específicas según las prioridades continentales representa, por tanto, un retorno a las fuentes: una recuperación consciente de la vocación ad gentes. La inculturación del Evangelio se convierte en el criterio fundamental: no se trata de aplicar esquemas prefabricados, sino de dejarse interpelar por las culturas y las situaciones particulares.

Las circunscripciones están llamadas a reducir, centrarse y colaborar, abandonando la lógica de la multiplicación de compromisos para abrazar la de la profundidad y la calidad.

2. La sinodalidad como método y estilo de vida misionera

Las pastorales específicas no pueden desarrollarse de forma aislada. Requieren un camino sinodal que involucre a las Iglesias locales, los continentes, las circunscripciones y a cada misionero en un proceso de escucha, intercambio y colaboración recíproca.

La sinodalidad no es un concepto abstracto, sino una necesidad operativa y espiritual. A nivel local, la inserción implica comunión con la Iglesia particular: el misionero es un compañero de camino que camina con el Pueblo de Dios. A nivel continental, la sinodalidad se traduce en especializaciones compartidas, intercambio de personal y grupos de reflexión. En un contexto de reducción de personal, la puesta en común de recursos y competencias se convierte no solo en un valor evangélico, sino en una estrategia de regeneración.

Los Consejos continentales se convierten en actores clave en la coordinación. Se invita a las circunscripciones a superar las lógicas nacionalistas para abrirse a colaboraciones más amplias. La formación debe incluir una preparación específica para el trabajo sinodal.

3. La ministerialidad y la articulación de los servicios

Cada pastoral específica se articula en una pluralidad de ministerios que, aunque diferentes entre sí, están unidos por una visión común y una práctica de colaboración. La ministerialidad no es solo un estilo, sino una estructura que da forma a la acción pastoral.

El documento distingue entre «pastoral específica» (el ámbito de intervención) y «ministerios» (los servicios concretos). Esta distinción evita dos desviaciones opuestas: la confusión genérica y la fragmentación. El reto consiste en conciliar unidad y pluralidad, lo que requiere estructuras de coordinación (equipos, programación, evaluación) que, sin embargo, no se conviertan en burocracias paralizantes. La ministerialidad implica también una dimensión formativa: los ministros deben estar preparados para la colaboración y para una lectura interdisciplinar de la realidad.

Cada circunscripción debe dotarse de instrumentos de coordinación y seguimiento. Hay que potenciar la formación de los laicos y los religiosos locales como agentes pastorales.

4. La ecología integral como clave de lectura universal

La ecología integral no es un tema adicional o sectorial, sino un paradigma interpretativo que abarca todas las dimensiones de la pastoral: social, económica, cultural, eclesial, espiritual, medioambiental y política. Todo está conectado, y la pastoral debe reflejar esta interconexión.

La referencia a la ecología integral, tomada del magisterio del papa Francisco, es uno de los elementos más innovadores. No se trata de añadir una «pastoral ecológica» a las demás, sino de reconocer que toda intervención pastoral tiene implicaciones en múltiples planos. Una pastoral juvenil que no tenga en cuenta las condiciones económicas y sociales de los jóvenes corre el riesgo de resultar abstracta. La ecología integral se convierte así en un criterio de planificación: cada acción debe concebirse en toda su complejidad.

Los equipos pastorales deberían incluir competencias diversas (ciencias sociales, economía, ecología, teología). La planificación debe prever análisis de la realidad que capten las estructuras profundas.

5. Cartografía y sistematización para un camino proactivo

El documento no se limita a esbozar principios, sino que pone en marcha un proceso concreto de mapeo y sistematización de las pastorales específicas, con el objetivo de crear una «síntesis comunicativa» que sirva para la animación misionera, la formación y la orientación de los hermanos.

La cartografía no es un ejercicio burocrático, sino un acto de discernimiento comunitario. Se trata de reflejar de manera sistemática en qué punto nos encontramos con cada pastoral específica, documentando visiones, modelos de inserción, orientaciones y prácticas consolidadas. Este trabajo permite aprender de la experiencia, crea un patrimonio compartido que transmitir a las nuevas generaciones y favorece la creación de redes continentales. El mapeo se presenta como «un punto de partida, no de llegada»: un proceso dinámico que se actualiza continuamente.

Se invita a las comunidades y a los hermanos a participar activamente en la recopilación de datos y en su validación. Los Consejos continentales tienen la tarea de dinamizar el proceso. La formación inicial deberá integrar los resultados como material didáctico.

Conclusión

Los cinco puntos clave trazan un itinerario orgánico y coherente: se parte de una toma de posición (la pastoral específica y contextualizada), llevada a cabo mediante un método sinodal y una estructura ministerial, interpretada a la luz de la ecología integral y, finalmente, documentada y sistematizada a través de un proceso de mapeo que se convierte en instrumento de crecimiento y regeneración. Todo ello está animado por la conciencia de que nos encontramos ante un «cambio de época» que exige valentía, creatividad y espíritu de comunión. La síntesis comunicativa que se deriva de ello no es un fin, sino un medio para caminar juntos, dar cuenta de nuestra labor, orientar a los hermanos y formar a los jóvenes misioneros al servicio de las pastorales específicas.

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