IMPATTI DELLE GUERRE SUL CAMBIAMENTO CLIMATICO

por Hno. Alberto Degan MCCJ

«Impactos de las guerras sobre el cambio climático»: este es el título de un encuentro organizado por la Asociación Aequilibria en la casa de los Misioneros Combonianos de Padua. Los ponentes de este encuentro fueron: Daniele Pernigotti, CEO de Aequilibria; Stefania Divertito, periodista y autora del libro «Guerra y clima. El ecocidio que destruye la tierra»; y Lennard de Klerk, investigador independiente, experto en contabilización de las emisiones climáticas.

Al inicio del encuentro se hicieron algunas premisas sobre el tema. En primer lugar, debemos tomar conciencia de que no es que el clima vaya a cambiar: el clima ya está cambiando, ya ha cambiado, y por lo tanto estamos hablando de nuestro presente.

En segundo lugar, alguien podría cuestionar el tema y preguntarse: ¿tiene sentido preocuparse por el clima cuando hay una guerra? ¿No deberíamos preocuparnos, más bien, por las vidas humanas en riesgo? Esta es una objeción legítima, pero no debemos olvidar que no solo existen las víctimas de hoy; hay también un impacto temporal de la guerra que causará víctimas en el futuro, y de esto nadie habla.

Otra cuestión abierta es la de la transparencia y fiabilidad de los datos de que disponemos: ¿los daños, y por lo tanto también los daños ambientales, de la guerra se contabilizan de manera fiable? ¿Quién recoge estos datos?

Por último, debemos recordar que la guerra no es solo emisión de gases y destrucción del medio ambiente, sino también destrucción de cualquier espacio de diálogo, de confianza y de colaboración, todas ellas cosas fundamentales para afrontar negociaciones y posibles acuerdos relativos al cambio climático.

En el trasfondo, obviamente, permanece la pregunta fundamental: ante todo esto, ¿qué podemos hacer nosotros?

Una primera cosa que hacer es tomar conciencia del problema, y concienciar también a los demás. En esta óptica es importante mantener la memoria de los impactos. Durante la Primera Guerra Mundial, la batalla de Verdún, cerca de París, dejó miles de proyectiles que fueron absorbidos por el suelo y luego por las capas freáticas. Nació así una zona donde ya es imposible, para los seres humanos, vivir, porque no se puede practicar la agricultura. Este bosque de Verdún se ha transformado en un museo, que cada año es visitado por muchos estudiantes. Es importante mantener esta memoria y darse cuenta de que, a largo plazo, de la guerra perdemos todos, tanto los «vencedores» como los vencidos. La guerra deja destrucciones que inciden en la vida de las generaciones futuras. En este sentido estamos colonizando el tiempo: creamos daños que pagará quien aún no ha nacido.

En cuanto a la contabilización, las emisiones de guerra se contabilizan, pero no oficialmente. En el primer encuentro sobre el cambio climático, en Kioto, en 1997, se alcanzó un acuerdo sobre la contabilización de los daños ambientales, pero los ejércitos fueron eximidos de esta obligación. Luego, en el encuentro de París, de 2015, se establecieron reglas sobre la sostenibilidad climática a las que deben atenerse todas las industrias, todas excepto la industria de la defensa. Para estas industrias, el respeto de las reglas se deja a su libre voluntad, pero de hecho ninguna industria militar ha presentado nunca un informe al respecto.

Sobre las emisiones de guerra, pues, las fuentes oficiales no dicen nada, pero de otras fuentes sabemos que, a nivel mundial, la industria de la Defensa produce el 5,5% de todas las emisiones «globales».

Hoy hay sesenta guerras en curso simultáneamente, es un récord histórico: es difícil cuantificar todas las emisiones producidas por estas guerras.

Recordemos además que, además de las víctimas humanas, las guerras provocan muchas víctimas en el mundo animal. Algunas especies se extinguen también a causa de la guerra, y esto tendrá un impacto en las generaciones futuras. El artículo 9 de nuestra Constitución, que ha sido modificado, nos pide que nos sintamos responsables también hacia las generaciones venideras, pero todavía no hemos tomado conciencia de ello.

A nivel jurídico, tomar conciencia de todo esto implica reconocer como delito y como crimen muchas acciones que dañan el medio ambiente. A este respecto, el crimen del ecocidio ha obtenido recientemente algún reconocimiento a nivel de Derecho Internacional, pero se trata de un reconocimiento aún sometido a muchas restricciones y condiciones.

Tras la exposición de los ponentes hubo intervenciones del público, que relanzó la pregunta fundamental: ¿qué podemos hacer nosotros?

Antes que nada, debemos implicar a la sociedad civil. A este respecto, un gran ejemplo de implicación y resistencia es la presencia de «centinelas» sobre el terreno. En Ucrania, por ejemplo, hay una plataforma en la que todos pueden subir fotos u otras pruebas de los daños ambientales, y todo esto en una óptica resarcitoria, en vista de una posible futura compensación por los daños provocados. Son más de 18.000 los ucranianos inscritos en esta plataforma. Muchos de ellos, mientras huían de un dron, fotografiaban ríos contaminados, u otras cosas.

Estos centinelas están presentes en todas partes, también en Gaza, donde hay un museo de los daños ambientales, cuyo objetivo es mantener viva la memoria de cómo era Gaza antes de la guerra genocida.

Alguien, además, preguntó si la energía nuclear es menos contaminante respecto a la combustión fósil. La respuesta es que, ciertamente, a nivel de emisiones la energía nuclear es mejor; luego, sin embargo, produce residuos, que deben ser gestionados, y que a menudo se reutilizan para construir armas. Es este el caso del uranio empobrecido, que es un «residuo» de la energía nuclear, y con el cual se producen armas potentísimas. Debemos además recordar que el 80% de quienes utilizan la energía nuclear tiene también armas nucleares, por lo que el uso de la energía nuclear no es la solución que estamos buscando.

Obviamente, hay muchas cuestiones abiertas, pero el primer paso que hay que dar es tomar conciencia también de este aspecto de la guerra, y de sus efectos duraderos sobre el medio ambiente y sobre la vida de nuestros hijos y nietos. Encuentros como este contribuyen a una primera concienciación sobre este tema tan delicado y crucial para nuestro presente y nuestro futuro.

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